Todos esperábamos con ganas el gran día. Seguramente los entrenadores más que los chavales, porque para ellos jugar es jugar, da igual dónde, contra quién o cuántos, mientras que los que les dirigimos teníamos ganas de ver su evolución y comprobar si había sido mejor que la de algunos de los equipos con los que ya nos habíamos enfrentado los meses anteriores.

En definitiva, la tensión de los primeros ratos de la mañana por tener controlados a los salvajillos presentes, esperar a los aún ausentes y querer que todo saliera perfecto se acabó contagiando en el calentamiento a los niños.

En el primer emparejamiento, contra los Taus, empezamos con algunos de los que más les cuesta entrar en juego, para que pudieran disfrutar de más rato de juego ante un rival más asequible. El partido acabó del lado de los voltorets, pero no de la forma que se buscaba, sino con jugadas individuales. Aún cuesta comprender las ventajas de jugar como un equipo, pero lo conseguiremos!

El siguiente emparejamiento era contra el BUC, pero no asistieron a la fiesta. Éste era uno de los encuentros que esperábamos con ganas, porque habíamos perdido contra ellos hacía muy poco habiendo podido ganar bien. Una lástima.

Por esta ausencia se trastocó el horario y tocó jugar inmediatamente después, sin descanso, contra uno de los equipos del SantBoi. Es decir, un partido duro. Y aquí los chicos comenzaron a despertar. Un partido muy luchado que acabó con un resultado demasiado favorable para los azules, visto cuánto les costó hacer las primeras marcas. Era un encuentro para crecer, no para ganarlo, y ahí el objetivo se cumplió. Pero se demuestra una vez más que hay lugares cuya tradición de rugby les pone varios pasos por delante e imprime a sus jugadores, desde muy pequeños, la actitud ganadora, el ir a muerte desde el principio. Aunque también da pena ver que a esas edades algunos ya tengan asimilado que “todo vale” para ganar. (Como veis, apenas recuerdo los resultados, acostumbrado a no tenerlos en cuenta en el resto de trobadas).

Tras un rato de descanso tocaba jugar contra el Castelldefels. Este era otro equipo contra el que habíamos perdido en otra trobada que teníamos que haber ganado y en la que el ofuscamiento del entrenador se transmitió a los muchachos. Y la verdad, no recuerdo si acabó en empate o si ganaron ellos por una marca. En cualquier caso, no se vio la evolución esperada. Seguimos viendo los balones en el suelo sin tirarnos a por ellos. Pocos jugadores aún tienen ese instinto. Seguiremos trabajándolo.

Descansito y ahora tocaba enfrentarse a un equipo del Sitges. Están un pasito por encima y era interesante ver si estábamos a la altura, aunque parece que contra nosotros alinearon a un auténtico Sitges B (en teoría las normas de la Trobada decían que no hubiera un equipo A muy bueno y uno B menos bueno, sino que estuvieran equilibrados). El resultado no fue bueno. Dejamos que una de sus jugadoras pareciera una auténtica All Black. Por mucho que tuviéramos intensidad y estuviéramos metidos en el juego no había manera de ir arriba a placar, aunque sabemos hacerlo muy bien cuando queremos.

El último encuentro era contra el Barça (B). Obviamente era otro partido para disfrutar y crecer. Y se repitió lo mismo que contra el SantBoi. Aunque son muy superiores, les costó mucho hacer la primera marca. Los voltorets más enchufados lo dieron todo y contuvieron a los rivales hasta el límite. Todo un orgullo de actitud.

Cuando ya se había terminado oficialmente teníamos intención de jugar otro partido contra el Lleida, que es uno de esos equipos a los que podríamos haber ganado hace ya bastantes meses (de hecho no tenemos claro si al final empatamos en Amposta). Al final declinaron nuestra oferta porque sus muchachos acababan de terminar de jugar y estaban muy cansados. No pasa nada; jugaremos el próximo día 9 contra ellos en su casa.

Los jugadores del Sitges B (de nuevo) sí estuvieron dispuestos y pudimos alargar laTrobada un poco más. Seguramente se notó que acabaran de terminar de jugar, porque esta vez sí les ganamos, incluso con cierta facilidad. ¡Aunque volvimos a dejar a la All Black hacer maravillas!.

En definitiva, los chicos se relajaron y jugaron mejor al relajarse los entrenadores tras el primer partido. Se dio muy bien la talla contra los equipos grandes (a pesar de perder), pero contra los equipos de nuestro nivel faltó jugar más en equipo. “Peinar” en defensa y mover el balón en ataque, ¡es todo lo que necesitamos!

Al repasar la jornada con el equipo felicitamos a algunos jugadores por su actuación. No fue a los que mejor placaron, o a los que pasaban más el balón o hicieron más marcas (eso seguro que no). Felicitamos por encima del resto a los que mostraron una actitud que podía servir de ejemplo a los demás: jugar dando todo lo que tienes. Porque el rugby es una actitud. Si asimilan eso y muestran respeto da igual perder todas las trobadas del mundo.

Hay que dar las gracias a los que hicieron de árbitros, a pesar de llevarse algún grito que otro (guiño guiño, Ricki). A veces cuesta saber qué pitar y qué no pitar cuando juegan los niños.

David García