Este fin de semana nos tocaba el líder de nuestro grupo en nuestra casa. Un rival difícil pero no imposible, todo dependía de las ganas que pusiéramos. Risas en el vestuario y un reguero de balones en el suelo en el calentamiento, no auguraban nada bueno. Y en resumen, no estuvo mal pero si este grupo realmente quisiera, podría competir.

Jugar a verlos venir contra un Sitges repleto de jugadores decisivos es una temeridad, y en cuanto se calentaron un poco, crearon los huecos y una tras otra, hasta tres cayeron las marcas. Y entonces, cuando ya lo tenemos difícil, proponemos y jugamos. Y en una jugada de apoyo de los centros, surge la chispa y se hace la primera marca. El equipo se crece lucha cada balón, cree y domina, y al poco, llega la segunda marca y acaba la primera parte con un 12-19 esperanzador.

La consigna es hacerles jugar incómodos, luchar cada balón, no dejarles pensar. Pero ellos leyeron el partido mejor, vieron a un apertura novato y basaron su juego en la presión sobre él, para que los balones a la linea no llegaran o estuvieran sucios. Una melé poderosa y hablaron con el árbitro y retrocedían en el empuje, lo que provocó que el árbitro nos pitara hasta cinco golpes francos. La touche no funciona aún. Y dicho todo esto, cortocircuitaron nuestro juego y la sensación de impotencia provocó errores en la recolocación defensiva lo que aprovecharon magistralmente para alejarse en el marcador.
Aún así no dominaron los rucks, ni las melés y tampoco se perdieron tantos balones como contra el Sant Boi. Creo en definitiva que ellos vinieron a ganar y nosotros a a ver que pasaba. Y al final cuando ya la distancia era insalvable, surge de nuevo el equipo y en una jugada de continuidad de delanteros, encerramos al Sitges en su campo y en tres fases, conseguimos el hueco para entrar dejando el marcador 19-41. Resultado que deja abiertas muchas preguntas sobre las posibilidades de este grupo si soluciona su falta de concentración y de ambición.
 
Diego Orbaneja